
Todo lo que no sabemos sobre los hidratos de carbono
Los hidratos de carbono —también conocidos como carbohidratos o glúcidos— suelen ser el objetivo de muchas dietas restrictivas, acusados de ser la causa directa del aumento de peso o de los picos de glucosa en sangre. Su eliminación total o parcial se ha convertido en una práctica habitual no solo entre quienes buscan perder peso, sino también entre quienes desean “comer sano”. Sin embargo, ¿cuánto sabemos realmente sobre ellos? ¿Son todos iguales? ¿Qué papel cumplen en nuestro organismo? ¿De verdad debemos evitarlos?
En este artículo en profundidad, vamos a desentrañar todos los entresijos de este macronutriente esencial y descubriremos Todo lo que no sabemos sobre los hidratos de carbono. Desde sus tipos, funciones, fuentes alimentarias, relación con la microbiota y con enfermedades como la diabetes, hasta cómo consumirlos de forma inteligente para maximizar nuestra salud y energía.
1. ¿Qué son los hidratos de carbono?
Los hidratos de carbono son uno de los tres macronutrientes principales de la alimentación humana, junto a las grasas y las proteínas. Su función principal es ser una fuente de energía tanto para las funciones vitales como para las actividades físicas y cognitivas cotidianas.
Durante la digestión, el cuerpo los descompone en glucosa (azúcar en sangre), que luego se transporta a través del torrente sanguíneo a las células para proporcionar combustible. Si hay un excedente de glucosa, se almacena en forma de glucógeno en el hígado y los músculos, o bien se convierte en grasa para su uso posterior.
2. Tipos de hidratos de carbono
No todos los carbohidratos son iguales. De hecho, es esta diversidad la que debe guiar nuestras elecciones alimentarias. Existen distintas formas de clasificarlos, pero la división más común los separa en simples y complejos.
2.1 Carbohidratos simples
Los carbohidratos simples están compuestos por una o dos moléculas de azúcar (monosacáridos y disacáridos). Se digieren rápidamente, provocando un alza súbita de glucosa en sangre, lo que conduce a picos de energía seguidos de una caída abrupta.
Se encuentran tanto en fuentes naturales como:
- Fruta (fructosa)
- Leche (lactosa)
Como en azúcares añadidos y alimentos ultraprocesados:
- Refrescos
- Bollería industrial
- Caramelos
- Pan blanco
2.2 Carbohidratos complejos
Están formados por largas cadenas de moléculas de azúcar y tardan más en digerirse. Esto permite que la liberación de glucosa al torrente sanguíneo sea gradual, evitando subidas y bajadas bruscas de energía.
Son más beneficiosos para la salud, y se encuentran en alimentos como:
- Avena y otros cereales integrales
- Legumbres (lentejas, garbanzos, frijoles)
- Tubérculos como la batata o la patata
- Vegetales con alto contenido en fibra (brócoli, zanahorias)
Además, los carbohidratos complejos aportan una buena variedad de micronutrientes como hierro, vitaminas del grupo B, magnesio y fósforo, así como fibra, esencial para la salud intestinal.
3. Carbohidratos y energía: la gasolina del cuerpo
Uno de los mitos más perjudiciales sobre los hidratos de carbono es pensar que son prescindibles. En realidad, la glucosa derivada de su metabolismo es la fuente de energía preferida del cuerpo humano.
3.1 Energía inmediata y sostenida
Al consumirse, los carbohidratos se convierten en glucosa, que es utilizada por las células como combustible inmediato. Cuando el cuerpo no necesita usar esa glucosa de forma inmediata, la almacena como glucógeno.
Durante esfuerzos físicos intensos o prolongados —como en el caso de los deportes de resistencia— el cuerpo puede llegar a gastar casi la totalidad de sus reservas de glucógeno, lo que produce el conocido “bajón energético” (o bonk en el lenguaje deportivo). De ahí la importancia de ajustar la ingesta de hidratos antes, durante y después de estas actividades.
3.2 ¿Cuántos carbohidratos necesitamos?
Las Pautas Dietéticas para los Estadounidenses recomiendan que entre el 45 % y el 65 % de las calorías diarias provengan de carbohidratos. Esto se traduce, en una dieta de 2.000 calorías, en unos 225-325 gramos de carbohidratos al día.
La Asociación Americana de Diabetes subraya que las necesidades dependen de distintos factores: edad, nivel de actividad, sexo, enfermedades crónicas, entre otros.
4. Hidratos de carbono y salud metabólica
4.1 ¿Los carbohidratos provocan obesidad?
No, al menos no todos. Varios estudios han demostrado que una dieta rica en carbohidratos complejos —es decir, frutas, verduras, granos integrales, legumbres— no se asocia con obesidad. Al contrario: ayuda al control del peso corporal gracias a su alto contenido de fibra, que promueve la saciedad.
El verdadero problema radica en los carbohidratos refinados y azúcares añadidos, que están presentes en gran cantidad de productos ultraprocesados. Estos sí se vinculan con mayor riesgo de obesidad, resistencia a la insulina y diabetes.
4.2 Diabetes y control de glucosa
Las personas con diabetes, especialmente tipo 2, deben prestar especial atención a los carbohidratos que consumen, ya que las variaciones abruptas de glucosa pueden provocar complicaciones graves.
No obstante, eliminar completamente los hidratos no es la solución. Lo ideal es priorizar aquellos de bajo índice glucémico, como los cereales integrales y las legumbres, que provocan un aumento más lento y controlado del azúcar en sangre.
5. Carbohidratos y sistema digestivo: el papel de la fibra
Uno de los componentes más relevantes de los hidratos de carbono complejos es la fibra. Este es un tipo de carbohidrato que no puede ser digerido por el organismo, pero que cumple una función clave para la salud digestiva:
- Favorece la regularidad intestinal
- Reduce el riesgo de estreñimiento
- Previene enfermedades como el cáncer de colon y hemorroides
- Reduce los niveles de colesterol malo (LDL)
- Ayuda al control glucémico
Además, la fibra alimenta a la microbiota intestinal, generando ácidos grasos de cadena corta con efectos antiinflamatorios y protectores sobre el metabolismo.
6. Relación con la microbiota intestinal: somos lo que comen nuestras bacterias
Una de las revelaciones científicas más impactantes de las últimas décadas es el rol crucial que desempeña la microbiota intestinal o flora intestinal: billones de bacterias que viven en nuestro tracto digestivo influenciando nuestro metabolismo, inmunidad, salud mental y digestión.
6.1 Carbohidratos que alimentan la microbiota
Los carbohidratos complejos, especialmente aquellos no digeribles como la fibra y el almidón resistente, llegan prácticamente intactos al colon, donde son fermentados por las bacterias beneficiosas.
Este proceso genera compuestos como los ácidos grasos de cadena corta (SCFA, por sus siglas en inglés), entre ellos el butirato, que nutren las células del colon, reducen la inflamación intestinal y fortalecen la barrera intestinal.
6.2 Impacto del almidón resistente
El almidón resistente es una forma de carbohidrato que se comporta como fibra. Según estudios recientes, puede mejorar la sensibilidad a la insulina, reducir los niveles de glucosa en sangre y alimentar selectivamente las bacterias beneficiosas.
Curiosamente, se puede incrementar la cantidad de almidón resistente en alimentos como el arroz, la pasta o la patata cociéndolos y enfriándolos (por ejemplo, preparando una ensalada de pasta). Este proceso cambia su estructura y disminuye la velocidad de digestión del almidón.
7. Hidratos de carbono en el deporte
En el ámbito deportivo, los carbohidratos son sinónimo de rendimiento. Los atletas de resistencia, como los corredores de maratón o ciclistas, dependen del glucógeno muscular durante la actividad prolongada.
7.1 Estrategias de carga
Según publicaciones de la Gatorade Sports Science Institute, las estrategias de carga de carbohidratos (o carb loading) pueden aumentar las reservas de glucógeno muscular entre un 20-40 %, optimizando el desempeño físico en pruebas superiores a 90 minutos.
Para lograrlo, se recomienda consumir entre 7 y 12 gramos de carbohidratos por kilo de peso corporal al día, durante las 36-48 horas previas al evento.
7.2 Carbohidratos durante el ejercicio
En actividades mayores a 60 minutos es útil ingerir entre 30-90g de carbohidratos por cada hora de ejercicio, especialmente si son mezclas de glucosa y fructosa, que mejoran la absorción y reducen el riesgo de problemas gastrointestinales.
7.3 Recuperación post-ejercicio
Después del esfuerzo físico, la recuperación de glucógeno es prioritaria. La ventana ideal es consumir carbohidratos de moderado a alto índice glucémico (por ejemplo, arroz blanco, pan, fruta) en una proporción de 1-1.2 g por kilo de peso corporal durante las 4 horas posteriores al ejercicio.
8. Mitos comunes sobre los hidratos de carbono
8.1 “Los hidratos de carbono engordan”
Este es uno de los mitos más repetidos. Sin embargo, engordar depende del superávit calórico y del tipo de carbohidratos que se consuman. Nadie ha engordado por comer manzanas o lentejas.
Sí es cierto que los azúcares refinados y productos ultraprocesados con harinas blancas aportan muchas calorías con bajo valor nutricional, lo que favorece el aumento de peso.
8.2 “Hay que evitar los carbohidratos por la noche”
No existe evidencia científica sólida que sugiera que el consumo de carbohidratos a ciertas horas sea más perjudicial. Lo relevante es la calidad y cantidad total consumida durante el día.
8.3 “Las frutas tienen demasiado azúcar”
Es verdad que algunas frutas son ricas en fructosa, pero al consumirse con su fibra natural, agua y micronutrientes, su impacto glucémico es mucho menor que el del azúcar libre o jugos. Además, son ricas en antioxidantes, vitaminas y minerales.
9. Elegir mejor: fuentes saludables de carbohidratos
Basándonos en las recomendaciones de la Mayo Clinic, Asociación Americana de Diabetes y dietistas como Ángela Quintas y María Sanabdón, estos son algunos de los mejores alimentos ricos en carbohidratos complejos y sus beneficios:
- Avena: alta en fibra soluble (beta-glucanos), reduce el colesterol.
- Legumbres: ideales para la microbiota intestinal y fuente de proteína vegetal.
- Frutas enteras: aportan fibra y antioxidantes.
- Verduras de raíz (batata, zanahoria): buena fuente de energía y betacarotenos.
- Cereales integrales (trigo, espelta, centeno): versátiles y ricos en fibra.
- Quinoa, mijo, amaranto: alternativas sin gluten con alto valor nutricional.
- Tubérculos como patata y yuca: mejor si se cocinan y enfrían para incrementar su almidón resistente.
10. Carbohidratos e intestino: los gases también son salud
Puede parecer un tema tabú, pero la producción de gases es una señal de que tus bacterias intestinales están trabajando. Según el nutricionista Xevi Verdaguer, expulsar entre 12 y 25 flatulencias al día es completamente normal y está asociado a una microbiota saludable.
La fermentación de fibras y almidones no digeridos en el colon produce gases como hidrógeno, metano y dióxido de carbono. Solo una mínima parte (ricas en compuestos de azufre) huele mal. Así que no reprimas tus pedos: podrían ser síntoma de que estás alimentando bien a tus bichitos intestinales.
11. Recomendaciones prácticas
- Prioriza fuentes de carbohidratos integrales y naturales.
- Limita el consumo de azúcares añadidos por debajo del 10 % de las calorías totales diarias.
- Combina carbohidratos complejos con proteínas para mejorar la saciedad y estabilidad glucémica.
- Aprovecha técnicas como el enfriado de pasta o arroz para aumentar el almidón resistente.
- Consume al menos 25 g de fibra al día (idealmente más de 30 g).
- No temas comer fruta: es aliada, no enemiga.
- En el contexto deportivo, organiza tu ingesta de carbohidratos en torno al ejercicio.
Conclusión lo que no sabemos sobre los hidratos de carbono
Los hidratos de carbono son mucho más que una fuente de calorías. Son un componente vital para el funcionamiento del cuerpo humano, desde el cerebro hasta las células musculares, y cumplen un papel trascendental en el equilibrio de la microbiota intestinal, la prevención de enfermedades y el rendimiento físico.
Demonizarlos solo conduce a confusión y desequilibrios dietéticos innecesarios. Como con muchos otros aspectos de la nutrición, lo importante no es eliminar, sino elegir bien.
Reemplazar carbohidratos simples por complejos, aumentar el consumo de fibra, y entender cómo funcionan en el cuerpo son pasos fundamentales hacia una alimentación más saludable, sostenible y plena.
No se trata de cuántos hidratos consumes, sino de cuáles eliges. Porque la verdadera revolución alimentaria comienza entendiendo lo que comemos.
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